No lo hagáis, por vuestro bien. Si no la seguís desde que se estrenara allá por 2003, no empecéis ahora. No lo hagáis, porque os veréis la miniserie, las tres temporadas y media hasta ahora emitidas y la película Razor en apenas unas semanas (yo tome algo de descanso y tardé un par de meses), y querréis más. Pero no hay más. A día de hoy quedan 3 meses y dos días para que vuelva a antena. 3 meses y dos días para la emisión de los 10 últimos episodios de la cuarta temporada (puta huelga de guionistas), que serán también los últimos capítulos de la serie.
¿Qué hace de Galactica una serie tan exasperántemente enganchante? El masoquismo. Sí, masoquismo. Ver esta serie, seguir esta serie y disfrutar esta serie implica disfrutar con el dolor. No hay vuelta de hoja. La tragedia está presente en cada capítulo. La desgracia, muerte, rabía, sufrimiento en suma. No es una historia de finales felices (aunque confío en que la conclusión si lo sea), es una trama dura y oscura en el sentido más explícito de la palabra. La mayoría de los capítulos están basados en lograr exhasperar y sacar de sus casillas al espectador. Torturarlo con cada relevelación inoportuna, con cada desencuentro entre los personajes, con cada muerte a gran escala. Y si logras ver la miniserie que sirve de prólogo (y menudo prólogo, la leche) sin caer derrumbado, entonces estás perdido. Habrás entrado en el circulo vicioso de una de las producciones más atrevidas que recuerdan mis ojos. Ciencia ficción donde los personajes son el 80% de la trama, y para colmo el otro 20% es simplemente brutal. Metafísica, religión, humanidad… nada se salva de Galactica.
Es una lástima que la audiencia no haya acompañado y Sci-Fi haya decidido retirarla tras esta cuarta temporada. Aunque parece que todo va llegando a su fín de forma estructurada gracias a un buen trazado de guionistas y productores. Quedan diez episodios y creo que veremos un final más que digno de la segunda mejor serie que he visto hasta ahora.
So say we all.